Arruguitas en el alma

Belén Hueso, Ataxia de Friedreich. Revista de la Federación Española de Enfermedades Neuromusculares :fraseswonder004

“Nuestros músculos están deteriorados, oxidados, en mayor o menor medida dependiendo del individuo: de la edad, enfermedad y demás factores; al igual que la Señora Sonrisa, unos tienen la virtud de sonreír mucho y otros el defecto de no hacerlo. La sonrisa se perfila al nacer, a unos les cuesta más y otros sonríen con una facilidad pasmosa (me incluyo en estas últimas y me siento muy afortunada por ello), pero según pasan los años y las circunstancias vividas por cada uno se potencian la alegría o la seriedad.

El alma, ese icono de whatsapp, un brazo marcado musculitos, significado de fortaleza, que habita dentro de nosotros.

Lo que no se ha deteriorado en nosotros es el ALMA y gracias a él y su buen estado tenemos el empuje y las ganas de salir cada día de la cama a comernos el mundo, a dejar que las horas nos sorprendan, porque aunque tengamos una rutina no hay dos días iguales: nos cruzaremos con algún conocido, daremos dos besos, compartiremos conversación y risas con alguien que no esperábamos, perderemos el móvil y alguien lo encontrará y guardará esperando nuestra llamada, otro alguien pasará por la acera y olerá muy rico y moriremos por saber qué perfume lleva.

La energía y la voluntad que ponemos en no rendirnos, en pensar más allá de nuestras limitaciones, ese ALMA nuestro, imposible que decaiga mientras que todo nuestro cuerpo sí lo hace.

Empezamos a priorizar.

Estamos arriba, con poca energía, agotados, pero nuestra cabeza tiene ganas y va a mil. Hay otros días que todo está abajo: nuestro ánimo y ganas de lucha también, como la gravedad. Y nos preguntamos que porqué a nosotros, que qué hubiera pasado si hubiéramos nacido en otro momento. Pero al día siguiente, después de dormir y dejar que haya salido el sol, después de una ducha purificadora que hace que todo lo malo se deje arrastrar al desagüe, después de llorar donde ese agua salada limpia mucho más que los ojos, las arruguitas han desaparecido y, aunque a corto plazo no lo entendamos, significa que estamos VIVOS, SANOS, MÁS SANOS QUE NUNCA.

Todo se deteriora, todo, menos el alma, que se regenera. 

Por nosotros, por todos los que nos quieren. “

 

 

 

Nos volveremos a ver.

Dicen que la palabra adiós está vinculada a la tristeza, al llanto y al dolor. A mí nunca me han gustado las despedidas. Nunca he querido despedirme de las personas que han significado algo para mí, ni siquiera cuando me voy para dos días, y es que ¡Siempre lloro!

Me encanta la palabra hasta luego o hasta pronto. Me encanta por eso, por que significa que volverá a haber otra vez en la que nos veamos. Volveremos a vernos con los ojos brillantes. Volveremos a llenarnos de vida. Volveremos a reír con nuestras tonterías. Que no quiere decir que hasta que no suceda no viva ni ría, pero no será por nuestra complicidad.

Y es que de cada persona que deja huella me quedo con las risotadas en común, con los momentos vividos, con todo lo aprendido, nuestro cariño y nuestras claves que sólo las entendemos nosotros.

Puede sonar a no querer afrontar la realidad o las despedidas, pero a mí así me va bien. Me va bien porque realmente intento que vuelva a haber una otra vez. Otra llamada, otro vistazo a aquellas fotos, otro e-mail, otro saludo… otro lo que sea, pero procuro no olvidar lo aprendido. Procuro recordar cuando lo necesito aquellas palabras. Procuro revivir los momentos con una gran sonrisa. Procuro que la música acompañe a los buenos recuerdos.

En definitiva, intento que las personas que han merecido la pena no se borren de mi corazón, y poder decirles hasta pronto aunque no sepa si volveré a estar con ellos, al saber que en mis recuerdos siempre podré volver a sentir lo bien que lo pasábamos.

Hasta Pronto!!
Mona de Pasqua hecha por los alumnos de la Escuela de educación especial.

ILUSIÓN

El verano pasado me apunté a un proyecto de la Fundación Josep Carreras para la investigación de la Leucemia y quise hacer un poco de eco sobre ello. Me puse en contacto con una amiga periodista, que me consiguió una entrevista en el Diario de Gipuzkoa. Al ir a hacerla, los nervios y la inseguridad se apoderaron de mí y estuve a punto de decir que no quería hacer ni la entrevista, ni que se conociera que había participado en el proyecto. Por suerte, para cuando me dí cuenta, estaba ocupando casi una página entera del periódico apoyando las donaciones de médula y la investigación contra la leucemia.

Las cosas las tenemos que hacer con ilusión. Sino, es mejor dejarlas para otro rato. O simplemente dejarlas. En el ejemplo anterior, os he puesto la situación de una primera exposición al público, y una primera vez de relatar una historia con pelos y señales. Por el agobio y el pánico al que dirán, perdí la ilusión en un pispas de lo que estaba haciendo, y en menos de lo que me hubiese gustado me olvidé por qué lo estaba haciendo. Me anticipé a lo que iba a suceder pensando en lo que podía pensar la gente al enterarse y ver mi cara ahí, con todos esos calvarios escritos al lado. Al cabo de unos días (y de unas mini-vacaciones) me topé con las buenas ideas: debía cambiar mi forma de pensar si quería ayudar a los demás niños que estaban pasando por la enfermedad en ese momento, así que le llamé a la periodista y me preparé con ilusión, con alegría, sintiéndome bien y con ganas de conquistar.

A veces es complicado ver el lado bueno de las cosas, pero creo que incluso en los malos momentos se pueden sacar muchos aspectos positivos como conocerse a uno mismo, recuperar aspectos de nuestra vida olvidados, solidarizarnos con otros… etc. Puede que algunos aspectos de nuestra vida no vayan como nos gustaría, pero no por eso todo lo demás tiene que ir mal, es sólo cómo nos tomemos las cosas lo que hace que tengamos una vida más o menos estable y satisfecha.

Por eso la actitud ante la vida es primordial: ir poco a poco solucionando nuestros asuntos (repito) y hacer las cosas con alguna ilusión, con algún fin que nos acerque a algo que nos guste, ayuda mucho a no agobiarse tanto.

Y si no encontramos algo que nos haga vibrar, siempre se puede pedir ayuda, que desde fuera todo se ve más claro, hasta que encontremos algo que nos haga recuperar esa energía. Pero recordando siempre, eso sí, que la búsqueda empieza desde nosotros, desde nuestra voluntad, y que sin ella las cosas no van a cambiar.

Así que cuando pierdas las ganas por algo o alguien, mientras buscas la causa y la solución, no descuides los demás aspectos de tu vida y sigue preparándote para ellos con ilusión, para reconquistarte a ti mismo y al resto del mundo.

http://www.fcarreras.org/reportaje-del-diario-vasco-deia_450994.pdf

SIMPLIFICAR

“Hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa.”

En las escuelas, más que a resolver problemas se debería enseñar a simplificarlos, y una vez simplificados, a resolverlos poco a poco. Así, cuando llegase nuestra etapa de madurez (más o menos jóvenes), seríamos capaces de simplificar muchísimas cosas que nos van sucediendo en el día a día y que muchas veces nos atormentan sin tener un peso considerable.

Creo que en ocasiones somos adictos a las preocupaciones, a tener nuestra cabeza entretenida con algo que en verdad no es urgente. Y es que pensar que las cosas ”van bien”, da canguele. Lo peor de todo es que este canguele suele venir por el miedo a la caída de después. Es decir, que la mayoría de veces ni disfrutamos ni pensamos con claridad en lo que estamos viviendo hoy, en este momento, por cosas que no han pasado (y que puede que ni pasen).

Por eso creo que es importante aprender a simplificar los imprevistos y contratiempos que pasen. Aprender a quitar importancia a las cosas, a saber realmente lo que es primordial o notable en el problema, y una vez resuelto, ya nos ocuparemos de las demás cosas que pasen, de los efectos secundarios.

Yo no soy menos y me ha costado gran esfuerzo darme cuenta de que es necesario simplificar: Cuando empecé como voluntaria en la Asociación Española Contra el Cáncer, nos contaron en los cursos de voluntariado los efectos secundarios que pueden tener los distintos tratamientos del cáncer. Uno de ellos fue la esterilidad, y al contárnoslo me dio bastante impresión y preocupación. Yo recibí tratamiento de quimioterapia con 3 años, y de aquí surgió mi miedo. Estuve bastante angustiada pensando que no podría tener hijos, pero por fin y por suerte llegué a la simplificación de mi problema: AQUÍ ESTOY. Es decir, estoy viva y coleando, sana, fuerte, y tengo muchísimas ganas de vivir por lo que doy gracias a (entre tantas personas que me ayudaron) la quimioterapia de salvarme. ¿Qué no puedo tener hijos? Ya haré algo para solucionarlo. Es fácil después de lo superado preocuparse de algo tan liviano. Pero esta no es la actitud, y menos ¡cuando no sé ni si lo soy, ni si no lo soy! Y el mismo ejemplo podría poner para los temidos exámenes, trabajos, reuniones, citas etc..

Así que intentemos buscar el quid de la cuestión, centrar nuestra atención en ello, resolverlo, y después pasaremos al contratiempo, examen, reunión, compromiso…etc siguiente.

Y recuerda que : “ La simplicidad es la clave de la brillantez” Bruce Lee.

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COMER A SOLAS

Libertad, tristeza, curiosidad, ansiedad,vergüenza, tranquilidad, soledad… Tantas sensaciones ligadas a comer con uno mismo.

Muchos son los estudios que afirman que comer sólo favorece la obesidad, la soledad…etc. En mi opinión no creo que sea así. Comer sólo puede convertirse en una actividad para descubrirse a uno mismo, momento para escucharse, para estar atento a lo que nos apetece y para reflexionar sobre lo que hemos hecho durante el día o lo que nos queda por hacer.

Ayer salía del centro de Educación especial donde estoy de prácticas a la hora del mediodía, justo antes de que empezaran a comer los estudiantes, y me senté a comer en un banco al sol viendo la gente, los coches, las motos pasar. Viendo la vida pasar, tranquilamente. Y es que creo que ayer necesitaba ese momento de descanso para pensar y observar.

Por la mañana habíamos hecho actividades con perros adiestrados. Los estudiantes se sentaban, tumbaban, peinaban a los perros y sólo había que ver sus caras para sentir felicidad. Me sentí tan reconfortada de ver esos ojos brillantes, sonrientes, llenos de amor y de nervios, que después necesitaba estar un momento conmigo misma y pensar. Pensar en qué es lo que me hace más alegre, más optimista… en definitiva que mis ojos desprendan esa ternura y pasión. Y es que creo que a veces se nos olvida lo que nos hace felices y perdemos la ilusión de hacer las cosas.

Y es entonces, cuando no sabemos qué nos apasiona, cuando nos sentimos perdidos y sin ganas de empezar el día por diferentes excusas que nos vamos inventando y creyendo ( Quien quiere hacer algo, encuentra el medio. Quien no, la excusa”. ). Por eso come a solas, sin televisión, sin radio, sin móvil… Come una manzana, toma un café, un plato combinado, un bocata… lo que sea, pero come a solas. Y piensa, escúchate, decide qué es lo que te hace feliz. ¿Qué es lo que te gusta, lo que te hace disfrutar de la vida? Desacelera: relájate y aprecia lo que ves, lo que sientes y lo que oyes.